Pueden hacerse una imagen rápida en su cabeza de la pedida de mano: él, después de tener la bendición de los padres de ella, se arrodilla, saca una cajita que contiene el anillo de compromiso y lanza la pregunta, ¿quieres casarte conmigo? Ella dice que sí y empieza a hacer cientos de planes en su cabeza, a pensar en el vestido de novia, la ceremonia, el lugar para celebrarlo, la decoración para matrimonio, entre otros detalles. Pero ¿se han preguntado cómo empezó esta tradición en la que es el hombre el que pregunta? ¿Cómo es el protocolo en distintas partes del mundo? ¿Por qué el hombre se arrodilla? O si, ¿puede la mujer hacer la pregunta? Les traemos la historia de esta romántica costumbre y cómo ha ido evolucionando a lo largo de los años.

Los antecedentes de la pedida de mano

Lejos de lo que suele pensarse o significar hoy, el origen de pedir la mano respondía más a una transacción comercial que a un acto romántico. El matrimonio no era más que un negocio y la unión de las parejas debía responder a intereses económicos o nobles más que amorosos: el cariño, si es que llegaba a existir, venía después como consecuencia del paso de los años y la costumbre. Además, en este contexto, las mujeres carecían de todos los derechos de los que gozan hoy y se trataban como una propiedad que, en un primer lugar, pertenecía a su padre hasta que este le concedía los derechos al pretendiente.

Con esto claro puede entenderse cómo nació el concepto de pedir la mano, que data del antiguo Imperio romano. En ese momento existía una norma llamada “manus” —que no significa otra cosa que “mano” en español— que daba el poder jurídico sobre las mujeres a un hombre, bien fuese el padre o el esposo. Así, los pretendientes debían pedirle al padre que le cedieran el “manus”, es decir, el poder sobre la mujer que querían como esposa. Esta costumbre con tintes machistas se fue manteniendo a lo largo de los años, pero con algunas variaciones, puesto que las mujeres consiguieron ser reconocidas como sujetos de derecho. Ahora, antes de entregar el anillo de compromiso oro blanco, lo que hacen algunos novios es pedir permiso de los padres ya no por un mandato, sino por respeto. Es decir, los pretendientes buscan conseguir el consentimiento y aprobación de la familia simplemente porque valoran que puedan respaldar su compromiso, no porque deban hacerlo o porque consideren que deban reclamar la propiedad sobre su futura esposa.

El gesto de ponerse de rodillas

Dentro de las costumbres que se repiten dentro del mundo nupcial hay gestos o mandatos —como que el vestido de novia sencillo debe ser blanco— que siguen realizándose, aunque las parejas desconozcan el origen. El compromiso, por su parte, no está exento de estos protocolos y tiene particularidades que se siguen haciendo como que el hombre se ponga de rodillas para hacer la pregunta. Este acto está relacionado tanto con el medioevo como con el cristianismo. Resulta que durante la época era normal que a modo de respeto las personas se pusieran de rodillas frente al rey para demostrarle lealtad y obediencia, al igual que en algunas ceremonias religiosas los creyentes deben arrodillarse durante momentos especiales en señal de sumisión. Por eso no es raro que los hombres lo empezaran a hacer al momento de dedicar frases de amor cortas a sus novias y proponerles matrimonio, puesto que no existía mejor manera de demostrar afección y devoción.

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El día que las mujeres tienen el control

En todo ese mar de tradiciones patriarcales en Irlanda nació una costumbre que venía a invertir los roles de género para otorgarles el poder a las mujeres de ser quienes pidan matrimonio. ¿El problema? La fecha solo ocurre cada cuatro años. Sí, como lo imaginan, el 29 de febrero fue el día que se destinó en este país para permitirle a las chicas hacer la pregunta. Todo comenzó, de acuerdo con la leyenda, cuando Santa Brígida con cierta preocupación le manifestó a San Patricio que había hombres que se demoraban mucho tiempo en proponer matrimonio, bien sea porque eran muy tímidos o porque no eran capaces de decidirse a formar una familia, lo que hacía que muchísimas mujeres se sintieran frustradas. Siendo el siglo V, lo que decidió el santo patrono del país europeo fue otorgar el permiso, eso sí, con la limitación de que solo podría ocurrir en años bisiestos. Hasta hoy se mantiene esta tradición en la que muchas compran anillos de compromiso para hombres y se ponen de rodillas para pedirles que sean sus esposos, solo que más a modo festivo que real.

Otros acervos culturales curiosos

Si les parece que la historia de los compromisos en occidente ha estado cargada de protocolos y limitaciones, para los países orientales tampoco ha sido más sencillo. Por ejemplo, en Japón es necesario celebrar el “Yunio (que significa ceremonia de compromiso) antes de formalizar cualquier intención de boda. Esta celebración consistía en reunir a ambas familias y estas debían ofrecer un total de nueve regalos envueltos en papel de arroz. Cada uno de ellos debía representar buenos deseos, pensamientos y deseos para la pareja.

En la India, por su parte, las parejas debían contar con una aceptación formal por parte del núcleo familiar del novio. Luego se llevaba a cabo una fiesta de compromiso en la que en lugar de un anillo se le daban brazaletes de hierro a las mujeres. Asimismo, en Tailandia tampoco se obsequiaba la tradicional joya de compromiso, sino que entregaban toda suerte de objetos elaborados en oro durante una celebración conocida como Thong Mun” (compromiso de oro).

Aunque las costumbres se han modernizado aún resulta raro para muchos que sean las mujeres quienes propongan matrimonio, sin embargo, cada vez son más quienes las novias que deciden cargarse de frases de amor y hacer la propuesta. A fin de cuentas, el matrimonio es un compromiso de pareja y poco importa quien toma la iniciativa de caminar al altar para intercambiar las argollas de matrimonio mientras exista amor y voluntad de ambos de formar una vida juntos. ¿Cuál es su opinión al respecto?