¿Alguna vez habías escuchado el cuento de la Princesa Calva? Así llama Catalina Paniagua a su especial historia de amor. La calvicie de Juan si es por herencia genética, así que Catalina dice que por consideración a su esposo ella también decidió llevarlo así, y completa entre risas “el que anda entre la miel algo se le pega, a mí se me pegó la calvicie de mi esposo”. Sin embargo, detrás de esta agradable, soñadora y sonriente mujer, existe una historia de lucha producto de una noticia inesperada. La transformación física por el tratamiento oncológico lo considera también una sanación interior. De modo que con orgullo ella luce su hermosa cabeza calva, reflejo de la fortaleza y resiliencia que la caracteriza. Esta es la historia de una hermosa doncella, con calva cabellera y profundos sentimientos, que se casa con su novio eterno y noble caballero, de pocas palabras y grandes acciones.

El inicio de su historia

Se conocieron a comienzos de 2002, en una cancha cerca de la casa. Catalina jugaba voleibol, y Juan baloncesto. Ambos se gustaron y dieron paso a su noviazgo. Como dice Catalina: “somos novios eternos”, pues en sus palabras llevan en total 15 años de noviazgo y alrededor de 10 años de convivencia.  Siendo en este último tiempo en donde nació su bebé Miguel Ángel, quien es la materialización y centro de su amor y felicidad.

Todo este tiempo juntos, ha sido un tiempo para crecer de forma personal, espiritual y como pareja, y han logrado materializar varios sueños. Pero cuando recibió la noticia, Catalina nunca creyó que en un diagnóstico sinónimo de muerte encontraría la vida, porque justo a comienzos de su tratamiento fue que su esposo le pidió que se casaran y fue entonces cuando comenzó esta bella historia de matrimonio real, de una princesa única en su clase. Ahora, su boda es un chulo más para esta lista de los sueños que juntos cumplieron, más, el haber cantado la canción “Vivir lo Nuestro” de Marc Anthony y La India.

En un restaurante

Ahí fue donde Juan Camilo decidió por fin, luego de su noviazgo, pedirle la mano a su amada mujer, en compañía de amigos y familiares más cercanos, justo en la fecha del cumpleaños de Catalina. Anteriormente, ya habían hablado mucho del tema; dónde celebrarlo, qué estilo de boda sería, a donde irían de luna de miel. Ella anhelaba tanto ese momento, pero cuando por fin llegó, sí que la sorprendió.

Juan ya sabía que ella era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida y el día de su matrimonio lo dejó demostrado. Cuando el sacerdote le preguntó las razones por las que había elegido a Catalina, no pudo contener su emoción en llanto y con la voz entrecortada dijo cada detalle de sus sentimientos. Lo único que él necesitaba era un empujoncito, y tal vez cuando Catalina comenzó tratamiento de quimioterapia, fue cuando lo recibió y tomó la iniciativa de pedirle que fuera su esposa. Así que, para ese día, el cumpleaños de Catalina, cuando llevaban muy poco tiempo de recibir esa fuerte noticia y el tratamiento la tenía bastante desorientada y cansada, le dio la felicidad y una nueva razón para seguir adelante, con el regalo de cumpleaños esperado para ambos. Dentro de una caja de cartón donde inicialmente venía empacado un brownie, le entregó el anillo de compromiso y para ella ese fue un momento muy emotivo y que nunca olvidará.

Conspiración para su felicidad

Lo más especial para Catalina fue ver cómo el universo conspiró para recibir todo el apoyo que tuvo. Muchas personas le asistieron y le asesoraron, incluso sin conocerla. Con tan solo un post en redes sociales, consiguieron muchas propuestas y ayudas para conseguir muchos de los ítems de la lista de deseos para su boda. Inclusive el wedding planner que tanto querían tener y quien les consiguió, entre otras cosas, una segunda ceremonia y segundo banquete en el Restaurante Chuscalito. La gratitud por tanta bendición en sus vidas los inundó de mucha felicidad.

La ceremonia religiosa también fue muy especial porque, primero, fue celebrada el mismo día de cumpleaños número 4 de su hijo Miguel Ángel. Segundo, se realizó en la iglesia Parroquia el Divino Maestro, donde Juan y Catalina frecuentaban ir. Y finalmente, a tan solo 2 días del día B, consiguieron el espacio que querían con el sacerdote que tanto querían, porque sabían que, con su forma especial y algo alocada de hablar, recibirían la bendición y palabras enviadas por Dios, como ellos lo sintieron ese día.

Como novia única y especial

Así se sintió Catalina en cada uno de sus momentos de su boda. Desde la planeación hasta el día B, porque tuvo la bendición de contar con un equipo indispensable, profesional y muy considerado para tratar con lente agudo cada detalle de la boda de esta hermosa Princesa Calva. Por ejemplo, Tatiana González, dueña de TG Novias, fue una de ellas y gracias a su profesionalismo y experiencia lograron encontrar los hermosos vestidos de fiesta, además de su bello vestido de novia que resaltó su belleza, naturalidad y alegría que Cata siempre la caracteriza.

El apoyo incondicional de su fotógrafa Diana Quirós, es otro de los puntos que esta pareja considera claves para que su boda fuera un éxito, porque además de haber sido la encargada de captar cada momento especial, hizo las veces de segundo wedding planner cuidándolos y aconsejándolos con cada recomendación y logística de cada detalle del matrimonio.

La pareja y en especial Catalina se sienten inmensamente agradecidos con cada persona, grupo y organización que los apoyó para tener como resultado la materialización de la boda de ensueño que lograron tener.

Cada momento de su boda, desde preparativos hasta su luna miel en Colombia, escogido especialmente en San Andrés para adaptarlo a su presupuesto, fue completamente inolvidable, lleno de bendiciones y revitalizante. Ahora Catalina se siente dichosa de ser la primera princesa calva de las historias de amor nunca antes contadas.

“Este diagnóstico de cáncer vino a transformarnos a todos, a demostrarnos que no hay mejor medicina que el amor” (Catalina).