Una muy buena forma de conocer a alguien es en su estado pasional, cuando la sangre hierve de emoción y las palabras salen por la boca como fruto que emana del corazón, no por pretensiones planeadas o estructuradas de la razón con la que solemos actuar en el piloto automático del diario vivir. Sin embargo, ¿te has enamorado alguna vez en medio de cánticos en forma de gritos, palabras obscenas al árbitro o sintiendo el abrazo sudado de patriotas saltando para celebrar el gol de su selección? Juan y Natalia sí.

Esta es la historia real de una pareja de enamorados diferentes, alternativos y muy apasionados, que encontraron tantos gustos en común, que sintieron conocerse desde antes de empezar a salir. Por eso, en su boda no dudaron en crear algo tan único y especial como lo que ellos reflejan, y crear así un momento inolvidable para todos los que participaran en él.

“Cuando toca, toca… 

… y al que le van a dar, le guardan”. Así dice la expresión coloquial que resume las extrañas pero reales coincidencias de la vida. Vea usted como es el destino que después de muchos años, dos niños del mismo colegio, con diferentes salones y años escolares, se vinieron a encontrar en un grupo de 11 viajeros con pasión por el fútbol, para seguir a la selección en el Mundial de Brasil 2014.

Fue ahí cuando, Juan y Natalia, sintieron por primera vez esa atracción entre los dos. Todo parecía ser un amor casual de temporada, que se acabaría al terminar la excursión. No obstante, su corazón los sorprendió con un sentimiento más fuerte que no pudieron separar, pese a la distancia de no vivir en la misma ciudad. Así continuaron su relación: visitas esporádicas a Manizales, donde vivía Juan, y a Montreal, ciudad de Natalia. Luego de vivir 1 año de relación a distancia, fue en Montreal donde se dijeron su primer “Te amo”.

Entre Juan y Natalia sólo se encontraban similitudes, tanto en la forma de ser como en la forma de vivir. Ambos alternativos, poco tradicionales, algo rebeldes en contravía al resto de la sociedad, amantes a la aventura del turismo con poco presupuesto, y de experiencias nuevas, siempre bajo la sencillez y sin mayores lujos. Sus “defectos”, entre comillas como ellos lo ponen, no lo toman como algo realmente negativo. Aunque tienen el mismo temperamento fuerte, a su vez no son para nada orgullosos, de modo que el equilibrio lo encontraron entendiéndose, aceptándose y amándose completamente tal y como son. 

El momento lo es todo

Para la pedida de mano, Juan quería hacer algo muy especial para su amada, solo que era muy difícil ocultarle algo a quien te conoce tan bien como a la palma de su mano. Así que Ana María, la madre de Juan, se inventó un supuesto premio de ir a un spa romántico para dos en Apulo, llamado Entremontes, pero que por la ubicación ella no podría asistir. Con lo cual les insistió, a su hijo y a Natalia, que fueran.

El lugar hermoso y la atención, eran como para cumplir su propósito: relajarse. Pero donde Juan pensaba ponerse de rodillas con el anillo de compromiso delante de Natalia, era en la cima de una montaña cerca del spa, con la vista perfecta del lugar. Iba a ser mágico, hasta que Juan lo vio en persona. En su cabeza se imaginaba algo diferente a mosquitos con alambres de púas por doquier y una vista que no era gran cosa. Así que, ¡cambio de planes!

Con el incidente anterior, Juan decidió hablar con los trabajadores del spa, quienes no dudaron en convertirse en aliados del romántico momento, preparando una cena especial y un lugar en la terraza del restaurante con vista al lago y las piscinas; todo para que ese momento fuera como él se lo imaginó.

En el momento en que Natalia comenzó a sospechar, fue cuando él le confesó que todo había sido parte de lo planeado, incluso desde el supuesto regalo de la suegra, para preguntarle si ella aceptaría pasar el resto de su vida junto a él.

El día del matrimonio

El día comenzó bajo el lente del equipo fotográfico de Making Of que se materializó gracias a la excelente producción por representar cada detalle de este hermoso matrimonio campestre

Juan y Natalia tenían en mente de realizar una celebración sencilla, sin embargo, tuvieron que buscar un punto de equilibrio para complacer a las familias con la ceremonia pero con el toque alternativo que tanto los caracteriza y une. Ellos no pretendían un matrimonio tradicional enfrente del sacerdote como el clásico matrimonio religioso, sino que querían algo que reflejara la forma de ser de la pareja.

Y al final, así fue. Los invitados destacaron que la boda fue muy “ellos”, en todo: cronograma, rituales, ubicación, decoración, hasta el vestuario y el licor. Fue inevitable la conexión con cada momento, sin libretos, ni protocolos; únicamente la representación de algo en particular que caracterizara a la pareja de enamorados.

Empezando con sus vestidos. Qué difícil fue para ellos encontrar su estilo en trajes formales de corte tradicional. Ellos no pretendían vestir algo elegante, con trajes o vestidos de coctel blancos. Sin embargo, al final decidieron por el “Dress Code” que hoy los novios agradecen demasiado haber escogido. De no serlo, el día no se hubiera visto tan especial como ellos lo querían.

En cuanto al vestido de novia, Natalia pretendía vestir un jumpsuit pero encontró un vestido largo, de color palo de rosa, con escote corazón y espectaculares bordados, que seleccionó rápidamente como el perfecto para ella. Algo relativamente más sencillo que como sucedió con Juan.  El novio no encontraba su traje ideal, luego de invertir 2 meses de extenuantes búsqueda por algo no tradicional, diferente al blanco, azul y negro, que combinara con su bocadillo. Finalmente, logró conseguir un pantalón morado que le fascinó y que combinaba de manera perfecta con un corbatín que había comprado unas semanas antes.

Desde la entrada nupcial, la improvisada pero estructurada ceremonia alternativa, fue completamente diferente a lo casual. El cronograma de la boda inició con una mezcla de rituales culturales para declararse su amor, acompañada de las canciones que fueron seleccionadas por su representación en la vida de ellos. Como lo fue la entrada nupcial al son de Nuestra Canción” de Monsier Periné; y más adelante, el primer baile de esposos, con “Carmesí” de Vicente García.

La ubicación de las sillas de los novio para dar el “¡sí, acepto!”, de hecho no fueron sillas sino troncos de madera, sentados uno enfrente del otro sin darle la espalda a los invitados. En sí, casi toda la decoración fue hecha a mano por los novios y sus familias. Las flores que se usaron eran todos claveles del cultivo de la misma finca donde se realizó el evento, y los floreros y arreglos los hicieron las hermanas, cuñadas, suegras y tías de los novios. Los centros de mesa se hicieron con pinos de la finca. Las mesas, marcadas con cada uno de los lugares que habían visitado juntos, y hasta el bar del coctel, fueron hechos con estibas del cultivo. Los recuerdos de boda fueron uno tubos pequeños llenos de especias, que entregaban a los invitados con un mensaje que decía: “Gracias por ponerle sazón a nuestras vidas. Un abrazo, Natis y Juan”.

Todos participaron activamente en la creación de una boda especial y única, y no sólo por la decoración. Como olvidar el emotivo momento del discurso de los padrinos de bodas. Ni qué decir de la procesión de los invitados con palabras de bendición para la pareja, escritas en papeles y depositadas en un elefante de madera, símbolo de la buena suerte, larga vida y sabiduría, para ayudarles a alejar las envidias y cargarse de buena vibra en momentos de crisis. Hasta el clima se alió a su intensión de alternativo regalándoles una pequeña llovizna en medio del ritual.

¡La “party”!

Luego del abrazo grupal entre los nuevos esposos y familiares que hicieron el papel de maestros de ceremonia, se dio paso a la celebración. Por decisión de los novios, la recepción comenzó con la canción Una lady como tú.  La idea era cantar una canción juntos durante la fiesta, pero luego que la profesora les mostrara el video grabado en los ensayos, sus melodiosas voces hicieron que la pareja de novios optaran por un “¡cambio de planes!”, nuevamente.

Así que el nuevo plan era simular un apagón de energía para que entonces entrara el video emotivo de los conmemorados, en aquel viaje a Brasil del año 2014. De esta forma, querían sorprender a los invitados con una hora loca temática de fútbol, no sólo porque así se conocieron, sino porque es una de las pasiones que los une tanto a ellos y como a sus familiares, y además, porque el fútbol ha estado presente en cada especial momento de la relación. La fiesta parecía no acabarse, entre aguardiente y cerveza para toda la noche, acompañado de una cena con la mejor ternera a la llanera que, según ellos y los invitados, nunca antes habían probado. Los novios dicen que con trago y buena música el 100% de la fiesta fue un éxito.

Un instante inolvidable

Natalia y Juan Francisco tenían fielmente decidido que deseaban realizar su luna de miel en Colombia. El lugar escogido para pasar unos días espectaculares en pareja fue en Nuquí, en el Chocó. Tenían ganas de conocer esa zona del país, pues la diversidad en general de este departamento está enmarcada por la riqueza en la fauna marina y su selva aunque muy poco explorada hace un par de años atrás por cuestiones de seguridad. 

Al final de todo, esos 3-5 meses de planeación se resumen a sólo 3-5 horas de celebración. El día se va volando, pero no los hermosos recuerdos que ahora, esta pareja aventurera, pueden revivir gracias al maravilloso trabajo del equipo de Making Of, quienes con profesionalidad y una alta sensibilidad  lograron capturar los mejores instantes de su matrimonio al aire libre y alternativo, y eso se ve reflejado en el reportaje fotográfico en el que sus realizadores acompañaron a la feliz pareja de principio a fin en esta celebración tan importante. 

¡No se pierdan los detalles...!